LA NECESIDAD DE SUJETOS POLÍTICOS: CONSENSO ENTRE CONSTRUCTIVISMO Y PEDAGOGÍA CRÍTICA 
Por: Ferney Quintero
      


El primer elemento es la escuela, en el sentido metafórico que ésta supone, es decir, la escuela como el lugar de formación de las personas de una sociedad. De este modo, el concepto de formación de personas nos remite a educación. Entonces diríamos que la razón de ser de la educación y el fin de los sistemas educativos es siempre el de “legar el producto cultural acumulado” (ZUBIRIA, 1995:84).
Pero la cultura, como acumulado, se vuelve una entidad concretísima. Del tal forma, que se encierra en tres componentes: “conocimientos, valores y habilidades” (1995:85). Si la aceptamos así, 1) admitimos también la existencia de variados objetivos para puntualizar el fin del sistema educativo. 2) consentimos que los currículos van ligados a los objetivos, y los definimos como los “contenidos, su secuencia, los métodos que deben ser empleados para alcanzarlos y los recursos” (1995:82). 
Decimos objetivos variados, para significar que los sistemas educativos, pueden favorecer a un componente de la cultura, por tanto, se le da existencia a los grupos de objetivos: sean “científicos, axiológicos (valorativos) y técnico-laborales”.
La unión de objetivos de la educación y currículo nos permiten afirmar que estos últimos también pueden ser enfocados por el sistema educativo, hacia un componente cultural, en consecuencia, el currículo puede ser de “inspiración cognoscitiva, valorativa o técnico laboral”.  
La escuela colombiana o,  para ser más precisos, el sistema educativo colombiano se ha centrado “casi con exclusividad en contenidos racionalistas y/o técnicos”, se ha llegado a enseñar escasamente los valores. La educación valorativa que ha venido predominando, los últimos años, en Colombia “es una propuesta centrada en una finalidad religiosa o artística… la motivación se orienta en un caso a los valores ético-religiosos, en el otro a los valores estéticos. De este modo, las dos plataformas curriculares para la educación de los colombianos  “se sitúan sobre los conocimientos y destrezas, sobre el amor a dios, la sensibilidad, el gusto, el camino recto y tantas otras manifestaciones del aparato valorativo.”(1995:88).         
¿Se educa a los colombianos en valores políticos? Más adelante, los hermanos Zubiria nos responderán a esto analizando particularmente, la condición de las ciencias sociales a quienes se les designa la tarea de educación política, democrática y moral como si fueran las únicas responsables de ello, empiezan diciendo: los contenidos curriculares se pueden centrar, primero “en la transmisión de conocimientos, normas y saberes” o segundo, con el ánimo de que, “impulsen al estudiante a construir instrumentos cognitivos, valores y habilidades tecnológicas”. Las ciencias sociales se han enseñado en la primera lógica, es decir, se ha saturado a los estudiantes de información, “sus contenidos, limitados a descripciones de la apariencia de los acontecimientos histórico-sociales, fechas, presidentes, batallas, decretos colman el índice de los textos ¿Cómo interesar así a los jóvenes las ciencias sociales? De ningún modo. La comprensión de los hechos queda vetada; la lógica y las leyes que gobiernan la vida social se desconocen… ¡En una palabra, vetadas las ciencias sociales!” (1995:91).
Qué sucedería sí, en cambio, las ciencias sociales se enseñaran en la segunda lógica, es decir bajo la perspectiva de instrumento del conocimiento, esto dicen los Zubiria: “… supone educar al niño antes que nada en el manejo del lenguaje científico cuyo objeto es el hombre, su organización, su historia. Implica introducirlo al dominio conceptual del léxico científico: afrontarlo a las abstractas categorías empleadas por los investigadores. Para, una vez en posesión de los instrumentos cognitivos, abordar la tarea investigativa, explicatoria de las regularidades sociales: reconstruir activamente la historia.”(1995:93).
No se forma políticamente a los colombianos, según los autores, porque se han enseñado los valores de la misma manera que las ciencias sociales: “educar al niño normativamente produce resultados análogos a instruirlo en los contenidos informacionales de las ciencias. Enseñarle la longitud de cada uno de los ríos, resulta tan inoficioso como inculcar, una a una, las normas que rigen la vida social” (la cursiva es mía). La primera función que realmente se le debe atribuir a los valores, es que sean “instrumentos de valoración, herramientas, criterios para valorar, no valoraciones preestablecidas… es permitir la valoración, es decir, ante nuevos acontecimientos (el estudiante pueda) capturar sus dimensiones: ética, afectiva, política, estética y cognoscitiva”. La segunda función es que se constituyan como “mecanismos de opción, en circunstancias que requieran elegir una alternativa”. Los autores terminan diciendo: “nuestro sistema educativo está diseñado para impedir al niño valorar y elegir: de entrada la vida escolar dispone las materias obligatorias, los reglamentos están hechos, todo prefabricado…” (1995:96).
 
En la época que estuvo de moda la política en Colombia. Y en que muchos colombianos hablaron de elecciones, de sí votar o no votar, de lo que va a hacer o dejar de hacer tal candidato si queda elegido, creo que la mayoría de colombianos no evaluó conscientemente a cada candidato. De hecho la discusión se dio sobre quien puntea en las encuestas, sobre si se mantuvo la política de seguridad democrática  o sobre las relaciones con Venezuela y Ecuador. Pero ámbitos como el de la educación, la salud, el transporte, el desempleo, etc. Quedaron relegados a un segundo plano.
Lo que pretendo sostener acá es que los colombianos no estuvieron preparados para valorar las dimensiones de las propuestas por la carrera presidencial, primero porque, como se vio, no se les ha enseñado a valorar políticamente. Segundo, porque ante las pasadas elecciones, como se verá en el siguiente apartado, no se puso en discusión  las políticas privatizadoras de los anteriores gobiernos y del que estaba finalizando y mucho menos  se habló de cómo se convierten en productos lo que antes solíamos llamar derechos.
Esto nos conducirá a lanzar una propuesta para la formación de sujetos políticos desde la pedagogía crítica y la pedagogía conceptual.              
Hoy más que nunca se hace evidente la privatización. Es el caso de la educación que ante la siguiente pregunta ¿Cómo queda la educación después de la “revolución educativa”? cuadra perfectamente la categoría privada. La educación que nos deja Uribe, entre otras cosas, se caracteriza por la “ampliación de cobertura en preescolar, básica, media y universitaria”; un “nuevo esquema de asignación de recursos”; y la “búsqueda de calidad de la educación por vía de la evaluación” (ATEHORTÚA, 2007:91-127). Las condiciones materiales demuestran las medidas privatizadoras, me refiero a la alteración del esquema de asignación de recursos -las leyes dicen que al aumentar la cobertura debe aumentar el presupuesto, pero aquí son estrictos en aumentar lo primero y calculadores a la hora de incrementar  lo segundo-.
Lo de “privada” se explica mejor en los claustros universitarios, por su considerable aumento de cobertura manteniendo la misma infraestructura, el deterioro de sus instalaciones, la prestación masiva de servicios, la contratación de profesores de cátedra en reemplazo de los docentes de planta y el recorte a los semestres, almuerzos y salidas de campo.
En suma, se ha redefinido el papel del estado frente a la educación, ya que no se trata de socorrerla presupuestalmente, ella lo puede hacer por si misma,  sino de regularla,  orientarla y estandarizarle sus currículos.
Indudablemente, la privatización es consecuencia de las políticas del gobierno. Sólo basta echar un vistazo al PIB (Producto Interno Bruto),  es decir, los activos del estado colombiano. Usualmente se divide en dos partes, una para los gastos del estado y otra para la inversión* (que encierra infraestructura, educación, salud, vivienda, etc.). Por tanto, obtenemos la siguiente ecuación:
En este sentido, el gobierno necesita como mínimo el 51% del PIB para gastos o para que el estado funcione. Un estado sin dinero para pagar sus gastos de funcionamiento está condenado al fracaso. Los países como Colombia en vía de desarrollo (una economía débil debe prever los gastos y  la inversión) tuvieron que industrializarse. Lo cual genero una deuda pública, entonces la preocupación del gobierno ya no era solo por el gasto y la inversión sino que, ahora, se introducía una nueva variable: la deuda. Desde los años noventa, los gobiernos descubrieron la siguiente ecuación:

Al ver que a los gastos del estado no se les puede tocar, había que disminuirle a la inversión y con los dineros sobrantes en ésta pagar por lo menos los intereses de la deuda. El gobierno al no tener dinero para invertir, en la educación por ejemplo, le recargo la inversión a las empresas privadas. En consecuencia, apareció  la responsabilidad social de las empresas y la educación pública se empezó a deteriorar y perder competitividad ante la privada, para subir el nivel, las instituciones públicas, tuvieron que auto-financiarse.

Vemos pues acá, el génesis de la privatización. ¿Acaso se discute esto en los debates programados por los medios de comunicación? ¿Sabe la gente del común que esto está en juego? La mayoría de colombianos, lo afirmo con temor y ganas de equivocarme, en realidad no tiene los conceptos ni la oportunidad para ver las propuestas de los candidatos a la presidencia desde está perspectiva. Para ello, antes de votar deberían, saber que son políticas monetarias, cambiarias, comerciales y fiscales.  
En consecuencia, cuando hablamos de una votación consciente implica que antes de que un votante se acerque a las urnas, ya haya evaluado con detenimiento las propuestas de los candidatos desde los posibles impactos económicos, políticos, sociales, culturales, etc. Una valoración de está categoría, implica generaciones de colombianos formadas con un currículo fundamentado en la lógica de instrumentos del conocimiento y de los valores.      

La propuesta de los hermanos Zubiria, aunque fundamental a la hora de enseñar las ciencias sociales, se queda corta para dar una batalla contra la privatización. Entonces acá, es cuando se hace necesario lanzar la pregunta que, alguna vez formuló Peter Mclaren: “¿Nosotros, como educadores radicales, ayudamos al capital a encontrar una salida de la crisis o ayudamos a los estudiantes a encontrar una salida del capital?”**.
Si lo pensamos bien, está cuestión es fundamental, porque, en resumidas cuentas, lo que debemos aclararnos como educadores (independientemente de que tan radicales seamos) es si estamos a favor del capital o en contra del mismo. Si estamos a favor del capital no debemos rechistar contra la privatización de la educación, ya que nos asumiríamos en los mismos razonamientos del gobierno y terminaríamos por aceptar que el reducirle a la inversión es la mejor solución para contraatacar eventuales desplomes económicos y permitir que la economía crezca. Si, por el contrario, nos declaramos en desacato del capital estamos llamados luchar contra la privatización, en especial, de la educación pública.
Primero porque creo que no es admisible un crecimiento económico en detrimento de los menos favorecidos, es decir, el reducirle a la inversión significa que a las clases  bajas les tocan asumir el  pago de la deuda, por lo tanto,  diferenciamos  el crecimiento económico del desarrollo social -cosa que no hace el gobierno-. Segundo es necesario defender la educación pública porque ésta no sólo implica un financiamiento estatal sino, también, el interés nacional, en palabras del profesor Carlos Medina: “…es la que expresa el concepto de Nación, como multiplicidad étnica, cultural, lingüística y regional, pero además la que encarna los intereses del pueblo, es la educación que construye el pueblo como alternativa de poder que responde a sus particulares condiciones de vida y bienestar, y no a los intereses del crecimiento y acumulación”***.

Es posible un consenso entre el constructivismo (de los hermanos Zubiria) y la pedagogía crítica en la medida que ambas corrientes pedagógicas muestran la necesidad de crear sujetos políticos. Los instigadores de la pedagogía conceptual reconocen en el sujeto el potencial para transformar la sociedad, a partir de la apropiación conceptual de los contenidos y valores. Mclaren, inscrito en la pedagogía crítica, ve en el maestro una función política de transformación de la realidad. Sin duda, que el consenso de ambas tendencias se configura en la escuela, en el maestro que apropiándose de cualquiera de las dos se enfrenta contra el capital o cualquier organización fundamentada en él.  

Razón tenían los Zubiria al afirmar  “ …educar al niño antes que nada en el manejo del lenguaje científico cuyo objeto es el hombre, su organización, su historia. Implica introducirlo al dominio conceptual del léxico científico: afrontarlo a las abstractas categorías empleadas por los investigadores. Para, una vez en posesión de los instrumentos cognitivos, abordar la tarea investigativa, explicatoria de las regularidades sociales: reconstruir activamente la historia.”; y tampoco se equivocaba Mclaren al describir que“…la pedagogía crítica refleja la multiplicidad y la creatividad del compromiso humano mismo: la identificación de experiencias compartidas e intereses comunes; el desmañaramiento de los hilos que conectan los procesos sociales a la experiencia individual; aclarando la obviedad oculta de la vida; el reconocimiento de una posición social compartida; descolgando la puerta que separa el compromiso práctico de la reflexión teórica…”. Ambas propuestas encaran algo nuevo que, esencialmente, privilegia el reconocimiento del ser humano y su organización colectiva, en otras palabras, le dan una función política a la educación. Por tanto, ambos atacan  el mismo enemigo pero desde distintos flancos: mientras que los Zubiria luchan contra la enseñanza de las ciencias sociales que, inspiradas en el capital, veían (o ven) el conocimiento como acumulación de información  y de normas; la pedagogía crítica ataca la hegemonía del capital propendiendo por construir poder popular desde el aula.        
                  
En resumen, la política como parte integral de las ciencias sociales y de los valores se ha reducido, respectivamente, a informaciones y normas, que según el sistema educativo colombiano eso es lo necesario para transmitir el acumulado cultural pero, la realidad contradice estos objetivos curriculares del MEN (Ministerio de Educación Nacional): las generaciones que fueron educadas con ellos, hoy desconocen la política sólo recuerdan presidentes, fechas, dudan a la hora de decidir por quién votar o ni siquiera tienen fundamentos para calificar las propuestas de los candidatos, en el mayor de los casos, pueden recordar una definición, pero definitivamente no tienen espíritu político ni manejan conceptos de está índole, es decir, desconocen la política.
La privatización es una manifestación del desinterés por el desarrollo social del país. Para el caso de la educación Pública, ningún candidato le ha hecho frente en las propuestas a su  privatización, ni los colombianos han ofrecido la discusión, la falta de discusión se la achaco al desconocimiento de lo que significa “educación pública” y  “privatización”.
La propuesta que me permito expresar a todas los maestros, estudiantes y sectores sociales desfavorecidos (en el marco de que unas votaciones limpias serán efectivas cuando todos los que votan sepan con certeza que está en juego en una contienda de esa magnitud, y no reduzcan su opción electoral a las falsas valoraciones infundidas por los medios  de comunicación) es encarar nuestra labor política, no necesariamente, con la militancia en un partido sino con la formación de sujetos que identifiquen la realidad en la que se mueven, que sus valores políticos tengan por principio rector el respeto a la vida y la solidaridad con las personas no privilegiadas; que vean en la audacia y, no en la violencia, el medio para combatir contra los que nos oprimen; y la creencia en que mundo mejor si es posible.
Una democracia limpia será posible en Colombia, cuando en los currículos de todas las instituciones educativas se fomente la formación política, el dialogo y el consenso. Cuando la democracia de la escuela sea una democracia real, cuando los valores políticos sean parte de todas las asignaturas y de todas las profesiones.         
       
Notas
* ver políticas fiscales en Wikipedia.org
** descargado de www.barbecho.uma.es/DocumentosPDF/BARBECHO2/A2B2.PDF.
*** Carlos Medina Gallego, conferencia 19 de diciembre del 2000. Universidad Nacional de Colombia.

Bibliografía

  • ATEHORTÚA,  Adolfo. Las banderas del presidente Uribe, Medellín, La carreta política, 2007. 
·         MCLAREN, Peter. Pedagogía crítica en la época de la resignación. Barbecho (revista de reflexión socio-educativa Nº 2, pp. 8-12. Traducción: Aldemar Giraldo Hoyos). Diciembre- Abril 2003.
·         ZUBIRIA, Julián y Miguel. Fundamentos de pedagogía conceptual. Bogotá. Plaza y Janes editores. 3ª edición 1995.  

Webs
  • www.barbecho.uma.es
  • Wikipedia.org



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