Crisis y contraofensiva imperialista de Estados Unidos en América Latina




“Para controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia”
Paul Coverdale,
Senador Republicano de los Estados Unidos,
Primer ponente del Plan Colombia en el Senado de los Estados Unidos, 1998.

“Aunque muchos ciudadanos teman otro Vietnam, resulta necesario, porque Venezuela tiene petróleo. Venezuela tiene animadversión por Estados Unidos, éste debe intervenir en Colombia para dominar a Venezuela. Y puesto, que Ecuador también resulta vital, y los indios de allí son peligrosos, los Estados Unidos, también tienen que intervenir ese país. (…) Si mi país está librando una guerra civilizadora en el remoto Irak, seguro estoy que también puede hacerlo en Colombia, y dominarla a ella y a sus vecinos: Venezuela y Ecuador”.
Paul Coverdale, 10 de abril de 2000.


La vergonzosa entrega de la soberanía colombiana a los Estados Unidos, rubricada con el establecimiento de siete bases militares en nuestro territorio, hace parte de una estrategia más amplia de la primera potencia mundial por asegurarse el control de su patio trasero latinoamericano por las próximas décadas, en un momento en que su hegemonía mundial está seriamente resquebrajada. Dicha crisis de hegemonía se manifiesta en dos circunstancias complementarias: la crisis económica que los carcome desde dentro, y la derrota estratégica que sufre en Irak y en Afganistán, la cual se desarrolla en cámara lenta y se rubrica con la pretensión fallida de darle un vuelco a la situación con el envío de 30 mil soldados adicionales al frente de guerra afgano por parte de Barak Obama, flamante Premio Nobel de la Paz (sic). Sin embargo, para contrarrestar esa pérdida de hegemonía en el mundo, Estados Unidos refuerza su intromisión en América Latina, donde lleva a cabo una contraofensiva, como lo sustentamos en este artículo.
Estados Unidos: la crisis interna se acentúa

En los últimos meses se ha convertido en un pasatiempo popular, practicado por los principales voceros del capitalismo a nivel mundial, anunciar el fin de la recesión y el comienzo de una imparable recuperación. Estos vaticinios poco tienen que ver con la realidad del capitalismo actual, como se demuestra al evocar la magnitud de la crisis económica en los Estados Unidos, la cual se ha prolongado más allá de lo previsto por los analistas del establecimiento. En efecto, y éste es el primer elemento a destacar, la crisis ya lleva más de dos años, si recordamos que se inició en junio de 2007 cuando se declararon en quiebra algunos fondos especulativos en los Estados Unidos y se constató que el Brea Sterms, el tercer banco en importancia de ese país, se encontraba en serias dificultades. Ese fue el comienzo cronológico, en el corto plazo, de la actual crisis económica y financiera en Estados Unidos, que de manera inmediata repercutió en el resto del mundo.
A pesar de la política de salvataje financiero y empresarial, impulsada por las administraciones Bush y Obama, la crisis no ha podido ser superada y antes por el contrario se ha inflado una nueva burbuja especulativa, la del dinero del salvataje, que está creciendo de manera vertiginosa, y que es muy probable que estalle en el momento menos pensado. A la par, han continuado las quiebras de entidades financieras, lo que ha originado fusiones y adquisiciones bancarias que han concentrado aún más al sector financiero, típico por lo demás de la lógica capitalista que se expresa en las máximas “el pez grande se come al chico” y “sálvese quien pueda”. Así, desde comienzos del 2009 se anunció que tres bancos de los Estados Unidos: Bank of America, Wells Fargo y PNC Financial Services Group adquirieron a sus antiguos competidores Merrill Lynch, Wachovia y National City respectivamente. De esta manera, estos bancos aumentaron sus activos y el número de sus oficinas en todo el país y, como no podía faltar, estas fusiones ocasionaron miles de trabajadores despedidos.
Como suele suceder en el capitalismo, el peso de la crisis recae sobre los sectores más pobres y sobre los trabajadores, como se evidencia con los efectos más negativos de la actual recesión. Así, el número de personas sin techo (homeless) ha aumentado en el último año, incorporando ahora a una mayor cantidad de familias jóvenes que no ha podido cumplir con los pagos de las hipotecas. En todo Estados Unidos aumentó en un 10 % el porcentaje de homeless, pero en algunas regiones de ese país creció hasta un 56 %. Así mismo, como consecuencia de la crisis, en el 2010 unos ocho millones de niños alcanzarán el estado de extrema pobreza y aumentarán los suicidios y acciones delincuenciales de que serán víctimas o protagonistas esos infantes. La situación de los más pobres ya es tan precaria que Ruby Takanashi, presidenta de la Fundación para el Desarrollo del Niño, ha afirmado que “actualmente, los niños son una especie amenazada en la sociedad estadounidense”. Así mismo, todos los días se hunden literalmente en la pobreza miles de estadounidenses al quedar desempleados y perder en forma automática su cobertura médica. Los datos son indicativos, puesto que cada semana en la Florida pierden esa cobertura médica 3.500 personas, en Nueva York 2.500, en Georgia 1.600 y en Michigan unas 1.000.
En el mismo sentido negativo para los trabajadores, la tasa de desempleo alcanzó el 10.2 % en el mes octubre de 2009, la cifra más elevada de los últimos 27 años, sólo superado por el 10,8 al que subió el desempleo en el invierno de 1982. De igual forma, se alcanzaron los máximos históricos en el tiempo que tarda un desempleado en reengancharse, que ahora es de siete meses y medio. Si hablamos de un desempleo del 10%, de una fuerza laboral compuesta por 154 millones de personas, existen un poco más de 15 millones de personas desocupadas. Esta cifra adquiere mayor relieve si se compara con la de 7 millones y medio de desempleados existentes en diciembre de 2007. Por supuesto, quienes mantienen su empleo o los que luego de varios meses consiguen algún trabajo, deben soportar la precarización laboral, esto es, peores salarios, e intensidad laboral más severa, como se evidencia en el incremento en el número de horas por hombre/mujer ocupados: en noviembre de 2009 los trabajadores laboraron un 5 % más de horas semanales con respecto al mismo mes de 2007.
Como expresión macroeconómica de todos los aspectos mencionados, el déficit presupuestario del gobierno de los Estados Unidos alcanzó el record histórico de 1.400 billones de dólares, acentuado tanto por la caída en la recaudación de impuestos (los ingresos gubernamentales cayeron en un 16,6 % en el 2009 con respecto al año anterior) como por el gasto colosal de la administración para estabilizar el sistema financiero, salvar bancos y empresas y estimular la economía interna, lo que incrementó en un 18,2 % esos gastos. La caída en los ingresos se explica por el aumento del desempleo, por la reducción de los salarios, y por una política tributaria laxa con los capitalistas y los especuladores.
Literalmente, hay regiones de los Estados Unidos que se han hundido en la tercermundización, si por ello se entiende que los Estados federales no cuentan con recursos para garantizar el funcionamiento del aparato burocrático, ni pagar al personal administrativo, y han tenido que cerrar escuelas, hospitales y abandonar obras de infraestructura, todo lo cual ha aumentado la pobreza. El caso más emblemático, aunque no el único, es el del Estado de California, catalogado como la octava economía del mundo y visto siempre como una de las joyas de la corona de los Estados Unidos. En el año 2009 entró en quiebra ante la drástica reducción de sus ingresos fiscales, y para poder conseguir recursos anunció la venta y/o arrendamiento de plazas y parques públicos, y el gobernador Arnold Schwarzenegger, el antiguo Terminator, decidió disminuir los sueldos de los empleados públicos, de los maestros, de los policías y de los bomberos, pero ni aun así les pudo pagar a tiempo.
Adicionalmente, el gobierno estatal de California decidió, previo acuerdo con el Congreso, disminuir en 14 mil millones de dólares su presupuesto y los recortes se aplicaron en los servicios destinados a los pobres, a los ancianos y a los discapacitados. Así mismo, se aprobó conceder tres días mensuales de vacaciones extras y sin pago alguno a los funcionarios estatales, para disminuir gastos. Incluso, se habló de liberar 27 mil presos y de cerrar algunas cárceles. Se ha dado el caso que grupos de ciudadanos de ese Estado han propuesto la legalización de la marihuana, medida que reportaría ingresos al fisco de ese Estado. Para impulsar esa legalización se ha hecho un comercial de televisión, que es defendido por su protagonista en estos términos: “El gobernador ignora a miles de californianos que quieren pagar más tasas. Somos consumidores de marihuana y los impuestos derivados de su legalización podrían pagar el salario de 20.000 profesores”. En cuanto a los niños, ya son los más afectados porque en California se ha anunciado que al año escolar se le recortará una semana, con la perspectiva de ahorrar 5.300 millones de dólares en los rubros de docentes y mantenimiento de los centros educativos.
Por todos los elementos mencionados de manera panorámica, las perspectivas inmediatas de recuperación de la economía estadounidense son poco halagüeñas, en la lógica misma del sistema capitalista, esto es de una economía que funciona a partir de la capacidad de compra de la población para que se vendan las mercancías producidas, lo que sólo se garantiza si una porción significativa tiene empleo para poder consumir a granel y esto estimula el funcionamiento de la producción capitalista, aunque no sea en los Estados Unidos, que ya produce muy pocas cosas, sino en el exterior, en las mal llamadas economías emergentes, principalmente en China. Al respecto, es bueno recordar que hasta hace pocos meses el consumo interno en Estados Unidos originaba el 60 % del crecimiento de la economía mundial, estando lo primero basado en el endeudamiento de las familias estadounidenses. La pregunta central que se deriva de ello es esta: ¿Quién en estos momentos puede sustituir a los voraces consumidores de Estados Unidos, cuando aumenta su desempleo y caen los salarios reales de los trabajadores ocupados y ya no hay perspectivas consistentes de proseguir con el endeudamiento forzado por la quiebra del sistema hipotecario?

Contraofensiva imperialista

En la historia de los Estados Unidos en particular y de los países imperialistas en general, no es la primera vez que la crisis interna que soporta el sistema intente ser paliada en el exterior y mediante la guerra. Eso es lo que sucede hoy en diversos lugares del mundo: en Irak y Afganistán, donde la presencia de los Estados Unidos cumple varios años, y en el último país se acentúa la presencia militar del imperialismo estadounidense, a pesar de la derrota estratégica que soporta en estos momentos; en otros lugares del Oriente Próximo, en los cuales con intermediación israelita masacra a palestinos y amenaza con desencadenar una agresión contra Irán, que ya algunos propagandistas del Estado sionista anuncian para mediados de 2010; en América Latina, donde el golpe en Honduras, el establecimiento de bases militares en Colombia y Panamá, la reactivación de la Cuarta Flota y la guerra de cuarta generación hacen parte de una estrategia de control de su patio trasero.
Esa estrategia bélica se manifiesta de manera directa en el terreno económico, puesto que el presupuesto militar de Estados Unidos correspondiente a 2010 ha sido el más alto de toda su historia, con un monto de 680 mil millones de dólares, una cifra superior a todo el gasto militar del resto del mundo. Este dato adquiere sentido si se compara con el presupuesto militar de Estados Unidos en el 2000, cuando fue de 280 mil millones de dólares, lo que indica un crecimiento de más del cien por ciento en menos de una década. Al mismo tiempo, el anuncio reciente de enviar otros 30 mil soldados a Afganistán representa un costo adicional de un millón de dólares anual por cada soldado enviado al frente. Los que se frotan las manos con estos gastos son los industriales de la guerra, los empresarios del petróleo y de diversos sectores económicos que ven un gran negocio, y un salvavidas interno, en azuzar la guerra fuera de las fronteras de los Estados Unidos. En este contexto, examinemos de forma sucinta la situación de nuestro continente.

La importancia geoeconómica y geopolítica de América Latina

A la par de la crisis económica y financiera, Estados Unidos, así como el conjunto de grandes potencias capitalistas, viejas y nuevas, soporta otra crisis paralela, que tiene un condicionamiento material directo: el agotamiento de los recursos y la energía que han posibilitado el actual nivel de opulencia y despilfarro que se vive en los países capitalistas centrales.
Esto es un resultado apenas elemental de la expansión mundial del capitalismo en las dos últimas décadas, lo cual ha venido acompañado de sus formas de producción y consumo, que requieren de cantidades ingentes de recursos y energía, indispensables para producir autos, computadores, celulares, generalizar la comida chatarra y garantizar la permanente innovación tecnológica. En términos globales, Estados Unidos, que tiene sólo el 5 % de la población del mundo, consume el 30 % de petróleo y el 25 % de todos los recursos no renovables, que van desde la A, de alúmina, hasta la Z, de zinc.
Recientes estudios del Mineral Information Institute,citados por el investigador mexicano John Saxe-Fernández, presentan información detallada sobre los problemas de autosuficiencia por parte de Estados Unidos en materiales prioritarios, que se encuentran en el exterior. Por ejemplo, depende del ciento por ciento del arsénico, columbo, grafito, manganeso, mica, estroncio, talantium, y ttrium; del 99 % de la bauxita y alúmina; del 98 % de piedras preciosas; del 95 % de diamantes industriales y asbestos; del 94 % del tungsteno; del 91 % del grupo de metales del platino; del 84 % del estaño; del 79 % del cobalto; del 75 % del cromo; del 66 % del níquel; del 88 % del flúor; del 86 % de tántalo; del 82 % de barita; del 74 % de potasio; del 62 % de antimonio; del 50 % de cadmio. A esto debe agregarse la dependencia de petróleo y gas natural, ya que Estados Unidos necesita traer del exterior más de la mitad de los hidrocarburos que en este momento consume.
Esto explica que se libre hoy una brutal, y no declarada, guerra mundial por el control de los recursos que aún le quedan a nuestro planeta, en el que participan como protagonistas principales Estados Unidos, China, Alemania, Francia, Japón y Rusia, entre las potencias principales.
Las declaraciones de políticos, militares y empresarios de los Estados Unidos sirven para sopesar la magnitud de la guerra por el control de los recursos. Sólo a manera de ilustración citemos a algunos de ellos. Según Spencer Abraham, uno de los secretarios de Energía del gobierno de Bush, su país “enfrenta una crisis de suministro de energía mayor durante las próximas dos décadas. El fracaso para encarar este desafío amenazará la prosperidad económica de nuestra nación, comprometerá nuestra seguridad nacional y literalmente alterará la forma en que nosotros llevamos nuestras vidas”.
Por su parte, Ralph Peters, mayor retirado del Ejército de los Estados Unidos, afirmó en Armed Forces Journal, (una revista mensual para oficiales y dirigentes de la comunidad militar de USA.) en agosto de 2006: “No habrá paz. En cualquier momento dado durante el resto de nuestras vidas, habrá múltiples conflictos en formas mutantes en todo el globo. Los conflictos violentos dominarán los titulares, pero las luchas culturales y económicas serán más constantes y, en última instancia, más decisivas. El rol de facto de las fuerzas armadas de USA será mantener la seguridad del mundo para nuestra economía y que se mantenga abierta a nuestro ataque cultural. Con esos objetivos, mataremos una cantidad considerable de gente”.
En el escenario de esa guerra mundial por los recursos, uno de los principales campos de batalla, aparte del Oriente Medio, es América Latina, que tradicionalmente ha sido dominado por los Estados Unidos y que hoy adquiere una renovada importancia porque suministra el 25 % de todos los recursos naturales y energéticos que necesita el imperio del norte. Además, los pueblos de la América Latina y caribeña habitan un territorio en el que se encuentra el 25 % de los bosques y el 40 % de la biodiversidad del globo. Casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata son parte de sus riquezas, y guarda en sus entrañas el 27 % del carbón, el 24 % del petróleo, el 8 % del gas y el 5 % del uranio. Y sus cuencas acuíferas contienen el 35 % de la potencia hidroenergética mundial.
En cuanto a petróleo y gas se refiere, México cuenta con un potencial de petróleo, extraíble con la tecnología vigente, hasta el año 2012; Venezuela tiene 30 años de reservas para seguir explotando, pero posee petróleo asfáltico, lo cual aumenta sus reservas; Bolivia tiene importantes recursos de gas, 27 trillones de pies cúbicos, que alcanzaría para exportar hasta 2024; además, pueden existir grandes reservas de hidrocarburos en Guatemala, Costa Rica y Ecuador, entre otros países de la región.
En lo que respecta a la Amazonía, la selva más biodiversa de la Tierra, con una extensión de 7 millones 160 mil kilómetros cuadrados, alberga la mayor extensión de bosques tropicales del planeta (56 %) y posee una gran variedad biológica de ecosistemas, especies y recursos genéticos. Allí se encuentra un millón y medio de especies conocidas y se estima que puede albergar más de diez millones. Un somero inventario indica la presencia de 50.000 variedades de mamíferos; 20.000 de reptiles, anfibios y aves; 21.000 de peces; 140.000 de vertebrados; 90.000 de invertebrados y artrópodos; 90.000 de plantas inferiores; 270.000 de plantas superiores y 55.000 de microorganismos. Por el Amazonas y sus más de 7.000 tributarios corren 6.000 billones de metros cúbicos de agua por segundo. Adicionalmente, es la zona que más oxígeno provee (40 % del oxígeno del mundo) y la que absorbe una mayor cantidad de carbono, en razón de lo cual, y con sobrados méritos, se le denomina el “pulmón del planeta”.
Con estos datos queda claro que América Latina no es poca cosa en la lucha mundial por los recursos y de ahí la prioridad estratégica de los Estados Unidos por asegurarse su control, cosa que hoy se ha tornado algo complicada por la emergencia de ciertos gobiernos nacionalistas, que configuran lo que los ideólogos de Washington denominan el “eje del mal”, o “el arco de la inestabilidad regional”.
Para reafirmar la importancia de América Latina para el decadente imperialismo estadounidense, valga señalar que en el documento Santafé IV, publicado en el 2000 y soporte doctrinario de George Bush júnior, se sostiene que “el hemisferio ha sido bendecido con recursos naturales y un clima que lo convierte en un paraíso único y virtual para quienes usen sabiamente tales recursos”. Por su parte, el antiguo secretario de Estado, Colin Powell, a propósito del ALCA sostuvo: “Nuestro objetivo es garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio”.

“Nuevos” golpes de Estado: el caso de Honduras

En su proyecto de asegurarse el control de esta vasta zona del planeta, rica en recursos, agua y biodiversidad, el decadente imperialismo estadounidense no ha dudado en acudir a todo tipo de acciones para mantener su dominio en la región. En los últimos tiempos, y con independencia del partido que gobierne en Estados Unidos, el imperialismo ha decidido revertir la correlación de fuerzas desfavorable y para eso ha impulsado la desestabilización y, si es el caso, el derrocamiento de aquellos gobiernos que no sean proclives a sus intereses o que desempeñen algún papel medianamente independiente. El ejemplo actual más emblemático es el de Honduras, donde el 28 de junio de 2009 se efectuó un golpe de Estado militar, aunque con careta civil, que ha sido respaldado por el gobierno de Barack Obama.
Este golpe de Estado puede denominarse como la implementación en nuestra América del “modelo afgano”, ilustrado por la forma burda como ha sido elegido y reelegido el títere yanqui Hamid Karsai, cuyo respaldo fundamental y único lo proporcionan las fuerzas de ocupación, junto con unas cuantas fracciones de los llamados “señores de la guerra”.
En América Latina, antes de Honduras, en 2002 se intentó, sin éxito, efectuar un golpe de Estado similar en Venezuela, que fue un rotundo fracaso. En Haití, en 2004, se realizó un golpe de Estado, cuando fue derrocado, por una coalición de los sectores más retrógrados de ese país, manejada y financiada por Francia y Estados Unidos y vergonzosamente avalada por fuerzas de ocupación de la ONU, el presidente constitucional Jean Bertrand Aristide, que fue expatriado por la fuerza y conducido a África. En este sentido, lo sucedido en Honduras no es muy nuevo, sino que es el hecho más reciente y ha contado con una mayor difusión y rechazo, debido en gran medida a la labor de denuncia y oposición interna y la repulsa de la casi totalidad de los países de América Latina.
En términos estratégicos, lo sucedido en Honduras ha significado un golpe a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y al proyecto boliviariano, encabezado por Venezuela, y ha sido una advertencia para todos los gobiernos de la región, en el sentido que si no se pliegan a las disposiciones imperialistas de los Estados Unidos y sus empresas, en el futuro inmediato van a correr la misma suerte del presidente Zelaya.
En el golpe de Honduras han confluido un cúmulo muy diverso de circunstancias, que pone de presente lo que está en juego: impedir, como ya se dijo, la consolidación del ALBA; revertir la negativa del gobierno de Zelaya de privatizar la empresa Hondutel y cederla a capital transnacional; echarle tierra a la pretensión de Zelaya de suprimir la base militar estadounidense de Palmerola para convertirla en la sede del aeropuerto principal de Tegucigalpa; suprimir el acuerdo firmado con Cuba, encaminado a comprarle medicamentos genéricos a bajo precio, lo que enfureció a las multinacionales farmacéuticas que terminaron respaldando el golpe.
Estados Unidos estaba interesado en sacar a Zelaya, y su derrocamiento se hizo con la participación de sus mandos políticos y militares, si se tiene en cuenta que el Ejército hondureño ha sido incondicional a aquel país desde hace décadas y el Comando Sur estadounidense en forma periódica realiza ejercicios con el Ejército hondureño y los cuerpos de elite de este último han sido formados y entrenados por la CIA y el FBI y comparten sus tradicionales valores anticomunistas y antipopulares.
El golpe de Honduras deja una cosa clara: al margen de la retórica seudo democratera del Premio Nobel de la Paz (sic), Estados Unidos retoma de manera directa su vieja práctica de apoyar a los regimenes más autoritarios y antipopulares, con tal que le sean incondicionales. Y en esto, pese a su crisis de hegemonía en el terreno mundial, lo que está haciendo Estados Unidos es aferrarse con más fuerza al control de su patio trasero y advertir a todos los gobiernos nacionalistas de la región sobre lo que les espera si no se someten a sus intereses y que no dudará en utilizar los medios que sean necesarios para alcanzar sus objetivos, incluyendo el uso directo de la fuerza.
Mediante una política de desgaste, Estados Unidos dio su apoyo tácito, aunque tuviera un discurso de aparente rechazo, a los golpistas hasta llegar a legitimarlos en unas elecciones amañadas y espurias que se realizaron a finales de noviembre de 2009, lo cual contó además con el respaldo vergonzoso de los gobiernos más abyectos de la región, como los de Colombia, Perú, Panamá y Costa Rica.
Como para que no queden dudas de las fuerzas internacionales que respaldan el golpe en Honduras, baste mencionar que empresarios estadounidenses anunciaron, a través de Lloyd Davidson, un asesor de empresas en materia tecnológica, que “remover a Zelaya fue lo correcto porque con él no habría futuro”. En la misma dirección se expresaron los senadores republicanos que aplaudieron la decisión del gobierno de Obama de reconocer las elecciones del 29 de noviembre, con lo cual se legitimaba el golpe.

Las bases militares

Como parte de la guerra mundial por los recursos, Estados Unidos ha decidido reforzar su presencia militar en América Latina, y para ello ha implementado diversas medidas, en las cuales se destacan el impulso a la IV Flota para reposicionarse en los océanos del continente, la realización de maniobras conjuntas con ejércitos de la región, y, sobre todo, el establecimiento de bases militares, como se ha hecho oficialmente en Colombia, y se proyecta hacer también en Panamá.
Este último hecho es de tal relieve que nunca antes un territorio sudamericano había alcanzado tal grado de ingerencia militar de los Estados Unidos, ni siquiera en plena Guerra Fría, en la segunda mitad del siglo XX. Pero esa presencia militar también es indirecta mediante el procedimiento de armar y sostener al incondicional régimen colombiano, para replicar el papel que Israel desempeña en el Oriente Medio. En América Latina se combina una doble estrategia militar: de un lado, obtener bases para efectuar operaciones militares de gran calado que permitan el control territorial de todo el continente latinoamericano y el despliegue rápido hasta Cabo de Hornos, disponiendo de la utilización de lo más avanzado en tecnología bélica (como aviones no tripulados, radares de gran alcance, sistemas satelitales de espionaje, etc.); de otro lado, el no usar las bases militares como en el pasado, con una gran presencia de tropas propias, sino acudir a los ejércitos locales (v.g. el colombiano) y a grupos de mercenarios y asesinos a sueldo, bautizados con el inocente apelativo de “contratistas”. Eso ha quedado claramente establecido en una de las cláusulas del vergonzoso acuerdo que firmó el ilegal régimen uribista con sus amos estadounidenses el 30 de octubre de 2009, en el cual se les concede impunidad absoluta a los militares y mercenarios militares y administrativos que se desplieguen por el territorio colombiano (artículo VIII).
Con ese pacto, aparte de haber endosado por completo la soberanía territorial de Colombia a los Estados Unidos, se ha establecido en la práctica un protectorado militar por medio del cual “las autoridades de Colombia, sin cobro de alquiler ni costos parecidos, permitirán a Estados Unidos el acceso y uso de las instalaciones y ubicaciones convenidas” (artículo IV), junto con el empleo de los aeropuertos del país, sin que las aeronaves y los buques de Estados Unidos tengan que pagar tarifa alguna y “no se someterán a abordaje e inspección” (artículo VI).
Por supuesto que la conversión de Colombia en el portaaviones terrestre de los Estados Unidos le concede un inusitado dominio militar sobre todo el continente latinoamericano, e incluso con posibilidades reales de llegar hasta el occidente de África, si no se peca de la pretendida ingenuidad que muestra el gobierno de Obama, los voceros del régimen uribista y los testaferros intelectuales, académicos y periodísticos del imperialismo, que nos han querido vender la idea que las bases se han establecido en beneficio del todo el continente y con el pretexto de enfrentar el narcotráfico y el movimiento insurgente. Aunque a este último, en efecto, se le va a combatir, no se pone en marcha operaciones de tal magnitud ni se invierten tantos dólares (en la base de Palenquero el presupuesto de Estados Unidos para 2010 consagró 46 millones de dólares para remodelarla y adecuarla a las necesidades del Ejército yanqui) sólo para un asunto puramente doméstico en Colombia. El objetivo es otro: se trata de contar con un dispositivo que permita acceder a territorios estratégicos en donde hay recursos (como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, la selva amazónica, entre otros). Esto lo reconoce sin tapujos un documento de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, fechado en mayo de 2009, en el cual se dice que con la base de Palenquero se busca “mejorar la capacidad de Estados Unidos para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia estadounidense” para garantizar “el acceso a todo el continente de Sudamérica con la excepción de Cabo de Hornos”. Con esto, se tendrá “una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una sub-región crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, los gobiernos anti-estadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”.
Esto simplemente confirma lo dicho por el Comando Sur del Pentágono con relación a Venezuela en 2007: “Tres naciones, Canadá, México y Venezuela, forman parte del grupo de los cuatro principales suministradores de energía a Estados Unidos, los tres localizados dentro del hemisferio occidental. De acuerdo con la Coalition for Affordable and Reliable Energy, en las próximas dos décadas Estados Unidos requerirá 31 % más de producción de petróleo y 62 % más de gas natural, y América Latina se está transformando en un líder mundial energético con sus vastas reservas petroleras y de producción de gas y petróleo”.

La guerra contra Venezuela empezó hace tiempo, es de “cuarta generación”

Con todos los elementos antes señalados en este ensayo, no es difícil concluir que el objetivo prioritario de los Estados Unidos es Venezuela porque reúne dos condiciones tentadoras: poseer una de las mayores reservas de petróleo del mundo y contar con un gobierno díscolo, que ha demostrado tener una política nacionalista y fuertemente antiimperialista, como se demuestra, entre otros hechos, con su papel en el renacimiento de la OPEP, su postura crítica ante los crímenes del Estado de Israel (como aconteció con la criminal acción de “Plomo Fundido”, a fines de 2008 y comienzos de 2009), su impulso al ALBA, su protagonismo en la configuración de UNASUR, su política de solidaridad petrolera con diversos países y su acercamiento a Cuba.
En contra de los lugares comunes, que se han tornado dominantes en Colombia, sobre el supuesto peligro que representa Venezuela para la paz regional y como el principal impulsor del rearme en Sudamérica, debe decirse que el verdadero peligro lo representa el régimen uribista o, para ser más exactos, Estados Unidos que es el titiritero mayor que opera a través de su marioneta colombiana. Los datos más elementales lo ponen de presente: Colombia es hoy por hoy uno de los tres países más militarizados del mundo, junto con Israel y Burundi; el PIB destinado a la guerra por el régimen uribista asciende al 6.8 %, mientras que el de Venezuela es del 1,2 %; en Colombia se consume casi el 15 % del presupuesto en gasto militar, mientras que en Venezuela es el 4 %; el ejército que más ha crecido en el continente es el de Colombia que, junto con el de Brasil, en el más grande de toda la región; el único país sudamericano que en las últimas décadas ha lanzado un ataque militar contra otro es Colombia, en marzo de 2008, cuando fue atacado Ecuador y fueron asesinadas 26 personas, entre ellas un ecuatoriano, cuatro mexicanos y 21 colombianos, en una acción en la que, como lo acaba de comprobar una comisión ecuatoriana, participó Estados Unidos desde la base de Manta.
Pero no sólo se trata de constatar el verdadero peligro para la estabilidad regional, sino añadir que la guerra no se va a librar en un futuro inmediato, pues ya se está llevando a cabo desde hace varios años contra Venezuela. Porque no estamos hablando de una guerra convencional, a la cual puede llegarse, es una posibilidad que no puede descartarse, sino de otro tipo de guerra, lo que los teóricos militares de los Estados Unidos han denominado guerra de cuarta generación. Este tipo de guerra, no convencional, se viene implementando por lo menos desde 2002 contra el gobierno de Hugo Chávez, si tomamos como punto de partida el fallido golpe de Estado de abril de ese año. Luego hay que considerar todo el despliegue propio de este tipo de guerra, en la que se recurre a las acciones de baja intensidad, al saboteo permanente, a la guerra mediática, al desprestigio sistemático del gobierno bolivariano, entre otras estrategias.
El término guerra de cuarta generación se empezó a usar en 1989, cuando William Lind, junto con cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos, publicó un documento con el título: “El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación”. La esencia de esta doctrina militar, y del tipo de guerra que se libra en la práctica, es la de desarrollar una confrontación irregular nunca declarada de manera oficial, de tipo contrainsurgente, en la que se combina la acción de grupos operativos descentralizados, expertos en contrainsurgencia, con la acción de grupos irregulares de tipo paramilitar, en acciones de sabotaje y de desgaste. Estas acciones se complementan con la guerra mediática y sicológica, impulsada por grandes grupos de propaganda (como CNN, a nivel mundial, y RCN Y CARACOL, a escala local en Colombia, o los canales privados en la misma Venezuela). La manipulación informativa, las mentiras programadas y la desinformación son parte fundamental de los dispositivos de la guerra de cuarta generación. También como parte de esta guerra se libra una ofensiva diplomática, en la que también se acude a la mentira y a la desinformación, como lo hace hoy el gobierno de los Estados Unidos y el de Colombia con Venezuela, propalando calumnias como aquella que el principal peligro para la seguridad del continente es el gobierno de Chávez, que habría convertido a su país en un santuario del narcotráfico y del terrorismo y es una dictadura que cierra los medios de comunicación y limita la libertad de expresión.
En conclusión, en este tipo de guerra irregular y no reconocida, similar a la que desplegó Estados Unidos contra Nicaragua en la década de 1980, el imperialismo del norte se vale de uno de sus testaferros locales, el abyecto gobierno uribista, partiendo del supuesto “divide y vencerás” y contando con el apoyo incondicional de la oligarquía colombiana, que aspira a ganar unas cuantas migajas por su incondicional postración, entre ellas la aprobación de un Tratado de Libre Comercio, el cual viene añorando desde hace algunos años, así como el reforzamiento de su modelo rentista primario exportador ligado en forma prioritaria a empresas multinacionales de Estados Unidos. Por supuesto, el elemento esencial que explica la guerra contra Venezuela, agenciada por la oligarquía colombiana, está referido al odio y miedo que suscita la revolución bolivariana al imperialismo estadounidense y a sus corifeos, por proponer la necesidad de construir un modelo diferente de organización social, en la cual se reivindica la redistribución de la riqueza, el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población y esboza otro tipo de relaciones internacionales y un manejo soberano de sus recursos naturales.
Por lo demás, en lo que es típico de la guerra de baja intensidad, el régimen uribista de victimario y agresor que es se muestra como la víctima que sufre los embates de los que son presentados como enemigos de la nación colombiana, pretendidamente representada por los vendepatrias más viles que hemos tenido en nuestra trágica historia de dependencia. Estos acaban de entregar, de manera abyecta, en bandeja de plata a los Estados Unidos la poca soberanía que nos quedaba, para convertirnos, como Puerto Rico, en otro Estado libre asociado, un eufemismo para referirse a una nueva forma de colonialismo, al que hemos regresado dos siglos después de la proclamación de nuestra primera independencia de España. Razón de sobra tenía José Martí cuando afirmó que nuestro continente necesitaba una segunda independencia y que Bolívar tenía todavía mucho que hacer en estas tierras.

Conclusión

Que el régimen uribista haya convertido a Colombia en una quinta columna de la dominación imperialista de los Estados Unidos, lo cual se expresa en la entrega de nuestra soberanía territorial y en la cesión de nuestros principales recursos económicos a empresas multinacionales, no sólo es una afrenta sino un hecho que va en contravía de los procesos nacionalistas que se desarrollan en diversos lugares de América Latina, como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Pero esto no es ni mucho menos una fatalidad ni algo irreversible, porque eso genera nuevas condiciones para retomar en Colombia un proceso de independencia nacional y de recuperación de nuestra soberanía por parte de todos aquellos que no aceptamos convertirnos en un protectorado yanqui, al estilo de Puerto Rico, y que nos negamos a ser sometidos a la brutalidad de los “morfinómanos rubios”, como hace décadas denominó Augusto César Sandino a los invasores estadounidenses.
En esta dirección, la renovada dominación imperialista en Colombia se convierte en una oportunidad para recuperar un sentimiento de identidad nacional antiimperialista en defensa de nuestro territorio y de nuestros recursos, en concordancia con la lucha que se debe librar en forma paralela contra el capitalismo gansteril que se ha implantado en nuestro suelo. Dicho capitalismo narcotraqueto, que es apoyado también por el poder imperialista, ha dejado miles de muertos, desaparecidos, desterrados, exiliados y presos y ha aumentado la miseria, la desigualdad de la población colombiana. En contravía, es necesario seguir buscando la construcción de otro tipo de país, que se hermane, como hace doscientos años, con los otros países de la región que ahora buscan otro destino, independiente, justo y soberano, tal y como lo soñaron Simón Bolívar, José Martí, Francisco Morazán y el Che Guevara.


Vega Cantor, Renán. Historiador, Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Integrante del Consejo asesor de Revista Herramienta.

 

TOMADO DE: REVISTA HERRAMIENTA DEBATE Y CRÍTICA MARXISTA
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EL ESPACIO GEOGRÁFICO
Por: Andrés Vega
La concepción de espacio geográfico es variable y llega a tener múltiples definiciones, las ideologías y el sustento teórico por parte de varios autores especialistas en las distintas ramas de la geografía, hace de este un “gran concepto”, donde también es importante tener en cuenta el uso del lenguaje en las ciencias sociales, a lo que el autor Fabián Campagne se refirió de la siguiente manera:
A diferencia de las denominadas ciencias duras, que han logrado construir lenguajes formales y abstractos, de gran especificidad y enorme poder de simbolización, las ciencias sociales y las humanidades dependen estrechamente del lenguaje convencional. Aún cuando los discursos de estas últimas disciplinas han adquirido en las últimas décadas un grado de complejidad notable que los convierte en inaccesibles para los no especialistas, no puede ocultarse que los límites del lenguaje son, al mismo tiempo, los límites discursivos de las ciencias sociales. (CAMPAGNE.2000)       
De esta manera el Historiador y Docente Argentino nos planteó un importante paradigma sobre las prácticas discursivas en el lenguaje de las ciencias sociales, y para adentrarnos en el concepto respecto a tesis planteadas por varios autores, podemos analizar esa divergencia lingüística a la que el profesor Campagne se refirió, y que analizaremos en la definición de espacio geográfico por dos importantes autores. Por un lado el geógrafo Francés Jean Tricard definía al espacio geográfico como la epidermis del planeta tierra, una definición más tenida en cuenta por la geografía física. Por otro lado presentamos una definición desde otra corriente, y es la del geógrafo Brasilero Milton santos (1997) quien sustentaba que el espacio geográfico es construido históricamente, a lo que complementó:
El espacio geográfico hoy es un sistema de objetos cada vez más artificiales, provocados por sistemas de acciones igualmente imbuidas de artificialidad, y cada vez más tendientes a fines extraños al lugar y a sus habitantes. Se establece un nuevo sistema de naturaleza que gracias al movimiento ecológico conoce apenas un ápice de su desnaturalización. (SANTOS.1997. Citado por: MONTAÑEZ Y DELGADO. 1998. PP. 121)
Esta una mirada más social de la geografía, una clara definición del espacio geográfico vista desde los procesos sociales, lo que se han encargado de analizar las llamadas geografías radicales que afirman su compromiso hacia la transformación social y la constante crítica a las desigualdades, una definición que incluye la artificialidad dentro del espacio en la que la actividad humana ha sido gran responsable, ocasionando daños irreversibles a la naturaleza.
Para nuestra definición de espacio geográfico decidimos analizarlo y definirlo a partir de tres factores que confluyen y se interrelacionan entre sí, estos son: factores bióticos, factores abióticos y acción antrópica, que determinan las cualidades de un territorio, el espacio geográfico es el lugar sensible para el análisis del geógrafo y que tiene una posición concreta en la tierra.
El espacio geográfico es cambiante en nuestro planeta, estos cambios pueden ser de origen evolutivo o por la acción directa del hombre, recordemos que uno de los principios del espacio geográfico es que sirve como soporte de la actividad humana donde se desarrolla su hábitat, su sustento, su vida en general, y que lógicamente hace cambios al paisaje y utiliza los recursos que el entorno le presta, recursos únicos que forman lugares irrepetibles, con condiciones distintas, bien sea en su clima, su oferta hídrica, su relieve, su población y su cultura. El espacio geográfico se muestra así como un conjunto de relaciones, factores cambiantes natural o artificialmente producidos que generan en cada habitante una percepción adecuada o no de ese espacio, para muchos de nosotros existen lugares de la tierra peligrosos, inhóspitos, que imposibilitan o ponen en gran peligro nuestras vidas, entornos que tienen atractivos o no, algo que analizó el geógrafo (Yi-fu Tuan.2007) La gente sueña con lugares ideales. A causa de sus muchos defectos la tierra no es vista en todas partes como la morada final de la humanidad. (PP.156). De esta manera se entiende que no todo espacio geográfico es un lugar de atractivo, perfección o sublimidad, sino que puede ser un entorno hostil, marcado por la violencia, la contaminación o la falta de vida.
Bajo discursos de la geografía económica y humana, dentro del espacio se deben estimar varias relaciones paralelas.
El espacio se puede considerar como abstracto o como concreto. Como abstracto es isotrópico e independiente de cualquier referencia a la superficie terrestre y permite elaborar modelos idealizados de estructuras y organización. Como espacio concreto corresponde a la actual superficie de la tierra con toda la variedad y diferenciación del mundo real. (Delgado.2003. PP. 66)
En la anterior cita, el profesor Ovidio Delgado resume de  De Souza dos referentes importantes dentro del espacio y la concepción que podemos tener sobre él, la abstracción o concreción que ya toma importancia en el mundo globalizado en el que circulan capitales y personas, haciendo que el espacio geográfico tome importancia para el desarrollo y apertura de nuevos mercados por parte de transnacionales que deben generar modelos bien sea estadísticos, demográficos o sectoriales para analizar la viabilidad y rentabilidad de sus inversiones. Un espacio geográfico con perspectivas económicas. 
En conclusión definir al espacio geográfico implica tener en cuenta muchas relaciones internas, externas, naturales y artificiales, es una porción grande o pequeña de la tierra, nodos, sendas y sus factores vistos desde los ámbitos sociales, sus transformaciones que generan la territorialidad y apropiación por parte de un individuo o grupo social, partiendo de lo visible, de lo que se puede percibir, el espacio geográfico es tangible aunque su representación sea de origen abstracto, dependiendo de su uso y finalidad.
En el análisis que hicimos sobre las definiciones de espacio geográfico por parte de teóricos con amplia trayectoria, decidimos en consenso que la definición propuesta por el Geógrafo Milton Santos es una de las más precisas, aunque abría que desarrollar un amplio estudio bibliográfico para hacer tal determinación, pero de las que analizamos esta nos pareció muy pertinente y acorde con el contexto actual de nuestro planeta, dicha definición la citamos a continuación: Se puede decir que el espacio geográfico es una combinación indisoluble donde participan por una parte, objetos geográficos, objetos naturales y objetos sociales; por otra, la vida que los colma y anima, la sociedad en movimiento (Santos 1996)
El espacio geográfico es un debate constante de académicos y profesionales de diferentes áreas que intentan clasificarlo o definirlo, lógicamente con los fines propuestos por la disciplina a la que están adscritos, y vale la pena concluir y finalizar nuestra definición de espacio geográfico con este debate que está presente en la geografía contemporánea y que deja un interesante campo de investigación en la búsqueda de la comprensión del espacio y la acción humana.
Geógrafos, Arqueólogos, Antropólogos, Historiadores, Semiólogos y otros científicos sociales se dan cita frente a la problemática del análisis del espacio geográfico, concretamente del paisaje, entendiendo a éste como una construcción social, como una expresión fenomenológica de los procesos sociales y naturales ocurridos en un tiempo histórico determinado y plasmados en la materialidad del terreno, como un producto de la cultura (Molano.1997. citado por: Vitry 2000. S.P)
Esta es la problemática en la definición del espacio geográfico y con la cual iniciamos el presente texto, teniendo en cuenta, o mejor, haciendo claridad en el uso del lenguaje en las ciencias sociales y la carga ideológica y discursiva de importantes teóricos sobre este concepto, tan amplio y con tanto campo de exploración en la actualidad.
REFERENCIAS:
CAMPAGNE, Fabián (2000) Palabras, conceptos, definiciones: El lenguaje como herramienta del Historiador. Sin paginación SP. ED. Digital, no impreso. Disponible en: http://www.nuevaalejandria.com/archivos-curriculares/sociales/nota-013.htm

DELGADO, Ovidio. MONTAÑEZ, Gustavo (1998) Espacio, territorio y región: conceptos básicos para un proyecto nacional. PP. 121. ED. Digital. No impreso. Disponible en: http://www.geolatinam.com/files/Montanez_y_Delgado._1998.pdf

DELGADO, Ovidio (2003) Debates sobre el espacio en la geografía contemporánea. Bogotá. ED. Universidad Nacional de Colombia. PP. 66.

MOLANO BARRERO, J (1997) Arqueología del paisaje, Cuadernos de Geografía. Bogotá. ED. Universidad Nacional de Colombia. Publicación: Revista del Dpto. de Geografía. UNAL.

SANTOS, Milton (1996) Metamorfosis del espacio habitado. España. ED. Oikos-Tau.

TUAN, Yi-Fu (2007) Topofilia. Madrid. ED. Melusina. PP 156.

VITRY, Christian (2000) Apachetas Y Mojones, marcadores espaciales del paisaje prehispánico. Sin paginación SP. ED. Digital, no impreso (1º Jornadas Internas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia). Universidad Nacional de Salta. Disponible en: http://www.christianvitry.com/pdf/ApachetasyMojones.pdf

Fotografias de: Andrés Vega.
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EL NACIMIENTO DE LA GEOGRAFÍA COMO DISCIPLINA ACADÉMICA OFICIAL


El autor Tim Unwin en este capítulo IV hace un recuento histórico sobre la consolidación de la geografía como disciplina académica, analizando el contexto intelectual y social en el que surge este debate, y todo el complicado proceso por el que atravesó la geografía misma para su reconocimiento y oficialización.
Unwin cita a Varenio que en 1650 hace un acercamiento muy importante de delimitar el campo de la geografía de la cosmografía, aclarando que la geografía es independiente a los estudios celestes, ya que la geografía se debe ocupar del estudio de la tierra  en tres ámbitos fundamentales de sus regiones: el terrestre, el celeste y el humano, implícitos en un ámbito metodológico que relacionó los estudios geográficos con la ciencia clásica, que fundamenta a la matemática y la geometría. Varenio se centró en la dignidad de la geografía, en la tierra como hábitat, y el control que damos los seres humanos a los elementos naturales, lo que el autor compara con el propósito explicativo de Habermas.
El conocimiento y efervescencia académica que marcó la época de finales del siglo XVIII y principios del XIV gracias a teóricos clásicos y científicos de importante influencia en el mundo, produjo gran cantidad de análisis en otras áreas del conocimiento y creó la necesidad de sacar del rezago a la geografía, es aquí donde el autor se remite a Kant, que demostró gran interés por la epistemología de la geografía con su importante análisis sobre las 3 formas de contemplar la tierra, una forma matemática que debía centrarse en su morfología, una política que se encargaría de analizar la población, y una geografía física que trataría aspectos relacionados a los recursos de la tierra o sus aspectos naturales, relacionando la disciplina geográfica con la histórica, aseverando que la geografía es la base de la historia que estudia el tiempo, tiempo que requiere de un espacio, espacio encargado a la geografía que propuso Kant rodeada de valor pedagógico.
 
Immanuel Kant propuso un referente teórico a la geografía y justificó su cientificidad, pero esta propuesta quedó limitada y prosiguió con la complementación que hicieron Humboldt y Ritter en la fundación de la geografía moderna gracias a sus expediciones por el pacifico y sus trabajos de campo desde aspectos histórico-regionales de Ritter, y los ecológicos de Humboldt, que fundamentaba sus estudios en un método plenamente inductivo, interesándose por la unidad disciplinar de la geografía, mientras que Ritter fue el fundador de lo que se conoce como geografía regional, buscaba justificarla como ciencia pero involucrándole teología y dando como propósito de la geografía misma, el estudio y análisis de esta, para la comprensión de la creación de Dios con influencias pedagógicas impartidas por su contacto con Pestalozzi.
El autor hace referencia en la forma en que en diferentes países se aporta a la consolidación disciplinar y científica de la geografía, que sirvió de instrumento de expansionismo e imperialismo europeo en sus inicios, hace el recuento de sus teóricos y aportantes más representativos en países como Alemania, Francia, Gran Bretaña y EE.UU que hasta ese momento 1925, se concebía como una geografía que había caído en un determinismo ambiental y sentaba la preocupación de la división interna, entre geografía física y humana, una tensión entre los geógrafos que se atenuó gracias a Sauer y su estudio del paisaje.
El texto en términos generales muestra los avances de la consolidación de la geografía como disciplina, su incorporación a la academia, y todo el devenir histórico en que se inició, pasando por los aportes teóricos de influyentes autores clásicos y contemporáneos que dan fundamento a los geógrafos, que se han centrado por una parte en la interacción del hombre con el ambiente, y el concepto de región desde un carácter científico, y me parece importante el análisis de Unwin además de muy completo, ya que se adentra en el carácter epistemológico de la geografía poco tenido en cuenta en otras cátedras y esto permite entender además de sus orígenes, su propósito que ha cambiado circunstancialmente desde el uso militar y expansionista, hasta las nuevas tendencias anarquistas y criticas que buscan una geografía interesada en las desigualdades sociales y el urbanismo tan creciente que ha producido muchos e irreversibles daños al ambiente.
Este capítulo IV de Tim Unwin es pertinente para la formación como docentes de las ciencias sociales, porque explica además de los orígenes y consolidación de la geografía, su amplia relación con la disciplina histórica.
 DATOS BIBLIOGRÁFICOS: Unwin, Tim – El lugar de la Geografía. Madrid, 1995. ED. Cátedra, Capítulo IV PP. 101-150.



LA NECESIDAD DE SUJETOS POLÍTICOS: CONSENSO ENTRE CONSTRUCTIVISMO Y PEDAGOGÍA CRÍTICA 
Por: Ferney Quintero
      


El primer elemento es la escuela, en el sentido metafórico que ésta supone, es decir, la escuela como el lugar de formación de las personas de una sociedad. De este modo, el concepto de formación de personas nos remite a educación. Entonces diríamos que la razón de ser de la educación y el fin de los sistemas educativos es siempre el de “legar el producto cultural acumulado” (ZUBIRIA, 1995:84).
Pero la cultura, como acumulado, se vuelve una entidad concretísima. Del tal forma, que se encierra en tres componentes: “conocimientos, valores y habilidades” (1995:85). Si la aceptamos así, 1) admitimos también la existencia de variados objetivos para puntualizar el fin del sistema educativo. 2) consentimos que los currículos van ligados a los objetivos, y los definimos como los “contenidos, su secuencia, los métodos que deben ser empleados para alcanzarlos y los recursos” (1995:82). 
Decimos objetivos variados, para significar que los sistemas educativos, pueden favorecer a un componente de la cultura, por tanto, se le da existencia a los grupos de objetivos: sean “científicos, axiológicos (valorativos) y técnico-laborales”.
La unión de objetivos de la educación y currículo nos permiten afirmar que estos últimos también pueden ser enfocados por el sistema educativo, hacia un componente cultural, en consecuencia, el currículo puede ser de “inspiración cognoscitiva, valorativa o técnico laboral”.  
La escuela colombiana o,  para ser más precisos, el sistema educativo colombiano se ha centrado “casi con exclusividad en contenidos racionalistas y/o técnicos”, se ha llegado a enseñar escasamente los valores. La educación valorativa que ha venido predominando, los últimos años, en Colombia “es una propuesta centrada en una finalidad religiosa o artística… la motivación se orienta en un caso a los valores ético-religiosos, en el otro a los valores estéticos. De este modo, las dos plataformas curriculares para la educación de los colombianos  “se sitúan sobre los conocimientos y destrezas, sobre el amor a dios, la sensibilidad, el gusto, el camino recto y tantas otras manifestaciones del aparato valorativo.”(1995:88).         
¿Se educa a los colombianos en valores políticos? Más adelante, los hermanos Zubiria nos responderán a esto analizando particularmente, la condición de las ciencias sociales a quienes se les designa la tarea de educación política, democrática y moral como si fueran las únicas responsables de ello, empiezan diciendo: los contenidos curriculares se pueden centrar, primero “en la transmisión de conocimientos, normas y saberes” o segundo, con el ánimo de que, “impulsen al estudiante a construir instrumentos cognitivos, valores y habilidades tecnológicas”. Las ciencias sociales se han enseñado en la primera lógica, es decir, se ha saturado a los estudiantes de información, “sus contenidos, limitados a descripciones de la apariencia de los acontecimientos histórico-sociales, fechas, presidentes, batallas, decretos colman el índice de los textos ¿Cómo interesar así a los jóvenes las ciencias sociales? De ningún modo. La comprensión de los hechos queda vetada; la lógica y las leyes que gobiernan la vida social se desconocen… ¡En una palabra, vetadas las ciencias sociales!” (1995:91).
Qué sucedería sí, en cambio, las ciencias sociales se enseñaran en la segunda lógica, es decir bajo la perspectiva de instrumento del conocimiento, esto dicen los Zubiria: “… supone educar al niño antes que nada en el manejo del lenguaje científico cuyo objeto es el hombre, su organización, su historia. Implica introducirlo al dominio conceptual del léxico científico: afrontarlo a las abstractas categorías empleadas por los investigadores. Para, una vez en posesión de los instrumentos cognitivos, abordar la tarea investigativa, explicatoria de las regularidades sociales: reconstruir activamente la historia.”(1995:93).
No se forma políticamente a los colombianos, según los autores, porque se han enseñado los valores de la misma manera que las ciencias sociales: “educar al niño normativamente produce resultados análogos a instruirlo en los contenidos informacionales de las ciencias. Enseñarle la longitud de cada uno de los ríos, resulta tan inoficioso como inculcar, una a una, las normas que rigen la vida social” (la cursiva es mía). La primera función que realmente se le debe atribuir a los valores, es que sean “instrumentos de valoración, herramientas, criterios para valorar, no valoraciones preestablecidas… es permitir la valoración, es decir, ante nuevos acontecimientos (el estudiante pueda) capturar sus dimensiones: ética, afectiva, política, estética y cognoscitiva”. La segunda función es que se constituyan como “mecanismos de opción, en circunstancias que requieran elegir una alternativa”. Los autores terminan diciendo: “nuestro sistema educativo está diseñado para impedir al niño valorar y elegir: de entrada la vida escolar dispone las materias obligatorias, los reglamentos están hechos, todo prefabricado…” (1995:96).
 
En la época que estuvo de moda la política en Colombia. Y en que muchos colombianos hablaron de elecciones, de sí votar o no votar, de lo que va a hacer o dejar de hacer tal candidato si queda elegido, creo que la mayoría de colombianos no evaluó conscientemente a cada candidato. De hecho la discusión se dio sobre quien puntea en las encuestas, sobre si se mantuvo la política de seguridad democrática  o sobre las relaciones con Venezuela y Ecuador. Pero ámbitos como el de la educación, la salud, el transporte, el desempleo, etc. Quedaron relegados a un segundo plano.
Lo que pretendo sostener acá es que los colombianos no estuvieron preparados para valorar las dimensiones de las propuestas por la carrera presidencial, primero porque, como se vio, no se les ha enseñado a valorar políticamente. Segundo, porque ante las pasadas elecciones, como se verá en el siguiente apartado, no se puso en discusión  las políticas privatizadoras de los anteriores gobiernos y del que estaba finalizando y mucho menos  se habló de cómo se convierten en productos lo que antes solíamos llamar derechos.
Esto nos conducirá a lanzar una propuesta para la formación de sujetos políticos desde la pedagogía crítica y la pedagogía conceptual.              
Hoy más que nunca se hace evidente la privatización. Es el caso de la educación que ante la siguiente pregunta ¿Cómo queda la educación después de la “revolución educativa”? cuadra perfectamente la categoría privada. La educación que nos deja Uribe, entre otras cosas, se caracteriza por la “ampliación de cobertura en preescolar, básica, media y universitaria”; un “nuevo esquema de asignación de recursos”; y la “búsqueda de calidad de la educación por vía de la evaluación” (ATEHORTÚA, 2007:91-127). Las condiciones materiales demuestran las medidas privatizadoras, me refiero a la alteración del esquema de asignación de recursos -las leyes dicen que al aumentar la cobertura debe aumentar el presupuesto, pero aquí son estrictos en aumentar lo primero y calculadores a la hora de incrementar  lo segundo-.
Lo de “privada” se explica mejor en los claustros universitarios, por su considerable aumento de cobertura manteniendo la misma infraestructura, el deterioro de sus instalaciones, la prestación masiva de servicios, la contratación de profesores de cátedra en reemplazo de los docentes de planta y el recorte a los semestres, almuerzos y salidas de campo.
En suma, se ha redefinido el papel del estado frente a la educación, ya que no se trata de socorrerla presupuestalmente, ella lo puede hacer por si misma,  sino de regularla,  orientarla y estandarizarle sus currículos.
Indudablemente, la privatización es consecuencia de las políticas del gobierno. Sólo basta echar un vistazo al PIB (Producto Interno Bruto),  es decir, los activos del estado colombiano. Usualmente se divide en dos partes, una para los gastos del estado y otra para la inversión* (que encierra infraestructura, educación, salud, vivienda, etc.). Por tanto, obtenemos la siguiente ecuación:
En este sentido, el gobierno necesita como mínimo el 51% del PIB para gastos o para que el estado funcione. Un estado sin dinero para pagar sus gastos de funcionamiento está condenado al fracaso. Los países como Colombia en vía de desarrollo (una economía débil debe prever los gastos y  la inversión) tuvieron que industrializarse. Lo cual genero una deuda pública, entonces la preocupación del gobierno ya no era solo por el gasto y la inversión sino que, ahora, se introducía una nueva variable: la deuda. Desde los años noventa, los gobiernos descubrieron la siguiente ecuación:

Al ver que a los gastos del estado no se les puede tocar, había que disminuirle a la inversión y con los dineros sobrantes en ésta pagar por lo menos los intereses de la deuda. El gobierno al no tener dinero para invertir, en la educación por ejemplo, le recargo la inversión a las empresas privadas. En consecuencia, apareció  la responsabilidad social de las empresas y la educación pública se empezó a deteriorar y perder competitividad ante la privada, para subir el nivel, las instituciones públicas, tuvieron que auto-financiarse.

Vemos pues acá, el génesis de la privatización. ¿Acaso se discute esto en los debates programados por los medios de comunicación? ¿Sabe la gente del común que esto está en juego? La mayoría de colombianos, lo afirmo con temor y ganas de equivocarme, en realidad no tiene los conceptos ni la oportunidad para ver las propuestas de los candidatos a la presidencia desde está perspectiva. Para ello, antes de votar deberían, saber que son políticas monetarias, cambiarias, comerciales y fiscales.  
En consecuencia, cuando hablamos de una votación consciente implica que antes de que un votante se acerque a las urnas, ya haya evaluado con detenimiento las propuestas de los candidatos desde los posibles impactos económicos, políticos, sociales, culturales, etc. Una valoración de está categoría, implica generaciones de colombianos formadas con un currículo fundamentado en la lógica de instrumentos del conocimiento y de los valores.      

La propuesta de los hermanos Zubiria, aunque fundamental a la hora de enseñar las ciencias sociales, se queda corta para dar una batalla contra la privatización. Entonces acá, es cuando se hace necesario lanzar la pregunta que, alguna vez formuló Peter Mclaren: “¿Nosotros, como educadores radicales, ayudamos al capital a encontrar una salida de la crisis o ayudamos a los estudiantes a encontrar una salida del capital?”**.
Si lo pensamos bien, está cuestión es fundamental, porque, en resumidas cuentas, lo que debemos aclararnos como educadores (independientemente de que tan radicales seamos) es si estamos a favor del capital o en contra del mismo. Si estamos a favor del capital no debemos rechistar contra la privatización de la educación, ya que nos asumiríamos en los mismos razonamientos del gobierno y terminaríamos por aceptar que el reducirle a la inversión es la mejor solución para contraatacar eventuales desplomes económicos y permitir que la economía crezca. Si, por el contrario, nos declaramos en desacato del capital estamos llamados luchar contra la privatización, en especial, de la educación pública.
Primero porque creo que no es admisible un crecimiento económico en detrimento de los menos favorecidos, es decir, el reducirle a la inversión significa que a las clases  bajas les tocan asumir el  pago de la deuda, por lo tanto,  diferenciamos  el crecimiento económico del desarrollo social -cosa que no hace el gobierno-. Segundo es necesario defender la educación pública porque ésta no sólo implica un financiamiento estatal sino, también, el interés nacional, en palabras del profesor Carlos Medina: “…es la que expresa el concepto de Nación, como multiplicidad étnica, cultural, lingüística y regional, pero además la que encarna los intereses del pueblo, es la educación que construye el pueblo como alternativa de poder que responde a sus particulares condiciones de vida y bienestar, y no a los intereses del crecimiento y acumulación”***.

Es posible un consenso entre el constructivismo (de los hermanos Zubiria) y la pedagogía crítica en la medida que ambas corrientes pedagógicas muestran la necesidad de crear sujetos políticos. Los instigadores de la pedagogía conceptual reconocen en el sujeto el potencial para transformar la sociedad, a partir de la apropiación conceptual de los contenidos y valores. Mclaren, inscrito en la pedagogía crítica, ve en el maestro una función política de transformación de la realidad. Sin duda, que el consenso de ambas tendencias se configura en la escuela, en el maestro que apropiándose de cualquiera de las dos se enfrenta contra el capital o cualquier organización fundamentada en él.  

Razón tenían los Zubiria al afirmar  “ …educar al niño antes que nada en el manejo del lenguaje científico cuyo objeto es el hombre, su organización, su historia. Implica introducirlo al dominio conceptual del léxico científico: afrontarlo a las abstractas categorías empleadas por los investigadores. Para, una vez en posesión de los instrumentos cognitivos, abordar la tarea investigativa, explicatoria de las regularidades sociales: reconstruir activamente la historia.”; y tampoco se equivocaba Mclaren al describir que“…la pedagogía crítica refleja la multiplicidad y la creatividad del compromiso humano mismo: la identificación de experiencias compartidas e intereses comunes; el desmañaramiento de los hilos que conectan los procesos sociales a la experiencia individual; aclarando la obviedad oculta de la vida; el reconocimiento de una posición social compartida; descolgando la puerta que separa el compromiso práctico de la reflexión teórica…”. Ambas propuestas encaran algo nuevo que, esencialmente, privilegia el reconocimiento del ser humano y su organización colectiva, en otras palabras, le dan una función política a la educación. Por tanto, ambos atacan  el mismo enemigo pero desde distintos flancos: mientras que los Zubiria luchan contra la enseñanza de las ciencias sociales que, inspiradas en el capital, veían (o ven) el conocimiento como acumulación de información  y de normas; la pedagogía crítica ataca la hegemonía del capital propendiendo por construir poder popular desde el aula.        
                  
En resumen, la política como parte integral de las ciencias sociales y de los valores se ha reducido, respectivamente, a informaciones y normas, que según el sistema educativo colombiano eso es lo necesario para transmitir el acumulado cultural pero, la realidad contradice estos objetivos curriculares del MEN (Ministerio de Educación Nacional): las generaciones que fueron educadas con ellos, hoy desconocen la política sólo recuerdan presidentes, fechas, dudan a la hora de decidir por quién votar o ni siquiera tienen fundamentos para calificar las propuestas de los candidatos, en el mayor de los casos, pueden recordar una definición, pero definitivamente no tienen espíritu político ni manejan conceptos de está índole, es decir, desconocen la política.
La privatización es una manifestación del desinterés por el desarrollo social del país. Para el caso de la educación Pública, ningún candidato le ha hecho frente en las propuestas a su  privatización, ni los colombianos han ofrecido la discusión, la falta de discusión se la achaco al desconocimiento de lo que significa “educación pública” y  “privatización”.
La propuesta que me permito expresar a todas los maestros, estudiantes y sectores sociales desfavorecidos (en el marco de que unas votaciones limpias serán efectivas cuando todos los que votan sepan con certeza que está en juego en una contienda de esa magnitud, y no reduzcan su opción electoral a las falsas valoraciones infundidas por los medios  de comunicación) es encarar nuestra labor política, no necesariamente, con la militancia en un partido sino con la formación de sujetos que identifiquen la realidad en la que se mueven, que sus valores políticos tengan por principio rector el respeto a la vida y la solidaridad con las personas no privilegiadas; que vean en la audacia y, no en la violencia, el medio para combatir contra los que nos oprimen; y la creencia en que mundo mejor si es posible.
Una democracia limpia será posible en Colombia, cuando en los currículos de todas las instituciones educativas se fomente la formación política, el dialogo y el consenso. Cuando la democracia de la escuela sea una democracia real, cuando los valores políticos sean parte de todas las asignaturas y de todas las profesiones.         
       
Notas
* ver políticas fiscales en Wikipedia.org
** descargado de www.barbecho.uma.es/DocumentosPDF/BARBECHO2/A2B2.PDF.
*** Carlos Medina Gallego, conferencia 19 de diciembre del 2000. Universidad Nacional de Colombia.

Bibliografía

  • ATEHORTÚA,  Adolfo. Las banderas del presidente Uribe, Medellín, La carreta política, 2007. 
·         MCLAREN, Peter. Pedagogía crítica en la época de la resignación. Barbecho (revista de reflexión socio-educativa Nº 2, pp. 8-12. Traducción: Aldemar Giraldo Hoyos). Diciembre- Abril 2003.
·         ZUBIRIA, Julián y Miguel. Fundamentos de pedagogía conceptual. Bogotá. Plaza y Janes editores. 3ª edición 1995.  

Webs
  • www.barbecho.uma.es
  • Wikipedia.org



MASACRE AL SINDICALISMO COLOMBIANO
Por: Andrés Vega


"El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan." Karl Marx.


Ser sindicalista es desafortunadamente una de las actividades con mayor riesgo de ejercicio en Colombia, nada nuevo.


El sindicalismo para muchos en Colombia al parecer no está basado en agrupaciones legitimas en pro de la defensa de los derechos laborales, y desde 1824 en Inglaterra donde se remontan sus orígenes por parte de los trabajadores de textiles, o particularmente en Colombia, donde sus inicios se dan alrededor de 1847, han hecho frente los trabajadores asociados en estas organizaciones democráticas, por unas condiciones dignas en sus espacios de trabajo, salario justo, jornada acorde, y seguridad social entre otros derechos. Muchos trabajadores Colombianos han sido destituidos por parte de empresarios y empleadores, que en busca de disolver el movimiento sindical se han caracterizado por los despidos masivos, la incursión de “lideres” que olvidan el deber propio de sus nombramientos, y otras dificultades no de menor importancia que han caracterizado el ejercicio legal de esta actividad, como un riesgo inminente ante su naturaleza contestataria.




Aunque perder un empleo en un país con una tasa tan alta de desocupación, de hecho de las más altas de América latina, llegando al 11.7% solo superándonos puerto rico con 16,5% en este año, según fuentes oficiales, “lo que nos indica que puede ser mayor la cifra”, es preocupante e implica cuidar el trabajo, por supuesto a los que lo tienen que son pocos, implica un análisis que va mas allá de un porcentaje acomodado, considero que dentro de este índice se debería tener en cuenta el subempleo , además ay muchos trabajadores con contratos bastante favorables para las empresas, como el caso de los temporales, los contratos por corretaje, o por prestación de servicios, que van en detrimento de una seguridad social digna, y una evasión disimulada de aportes parafiscales, todo esto apuntando hacia la imposibilidad de sindicalizarse y exigir, por la coerción misma impuesta, sintiéndose amenazado, despedido, y ahora vilmente masacrado.

En los últimos 20 años en Colombia los sindicalistas muertos llegan a más de 2000 según amnistía internacional, y más de 138 han sido obligados a la desaparición forzada con una total impunidad, que según el mismo organismo llega al 90% de los casos, que una vez detectado el responsable, queda sin ponerse ante la autoridad judicial, y Colombia se convierte automática y vergonzosamente en el país más peligroso del mundo entero para el ejercicio del sindicalismo, solo en el año 2009 los sindicalistas asesinados llegan a los 40, y si estas cifras llaman la atención, imagine esta puesta a la luz pública por El director del Departamento de Derechos Humanos y Solidaridad de la CUT (central unitaria de trabajadores) cuando afirma que: “el 60% de los sindicalistas muertos en el mundo son Colombianos” , algo que para muchos medios de comunicación pasa totalmente desapercibido, y si es cierto que ser periodista es peligroso, ser sindicalista en Colombia es un riesgo constate.
En vano tal vez ha sido la supuesta desmovilización de grupos paramilitares en esta problemática, que con apoyo de las fuerzas militares han cometido crímenes de lesa humanidad, y aun se presentan casos de amenazas a líderes sindicales, esto demuestra que los que exigen justicia paz y reparación, no son solamente los desplazados o los familiares de las víctimas de masacres en poblaciones del territorio nacional, sino también los familiares de los trabajadores asesinados, y me parece pertinente citar las palabras de un sindicalista Español llamado Marcelino Camacho, cuando dijo que: “Los trabajadores seguimos siendo el pariente pobre de la democracia.”, algo para tener muy en cuenta en esta reflexión.
Es importante el conocimiento de esta problemática y la invitación queda ahí, en busca de un cuestionamiento claro al respecto, no el que ay gracias a la tergiversación de los medios masivos de comunicación al servicio del estado, que han querido menospreciar la labor sindical en Colombia, o enmarcarla dentro de un contexto de terrorista, que dista mucho de la real labor del sindicato obrero, al cual han querido desaparecer y ensuciarle su legitimidad.

 VIDEOS DE INTERÉS


A continuación publicamos algunos videos de interes general, sobre diversos temas de importante debate que queremos compartir con ustedes, entre ellos, la estigmatización al movimiento estudiantil, la represión de la fuerza pública, y el presidente Uribe frente a un importante circulo académico en Bogotá.

 Dario Betancourt (Muerto pero no olvidado)
"Este video es un sencillo tributo a un profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, cuyos trabajos e investigaciones sobre el narcotráfico y sus orígenes removieron la memoria de una Colombia adormilada y olvidadiza. Fue victima del Terrorismo de Estado colombiano, asesinado vilmente tras un secuestro del cual todavía hoy no se conocen sus victimarios, así como el profesor Darío Betancourt muchos docentes y académicos comprometidos con la verdad han muerto silenciosamente, no dejemos que sus enseñanzas mueran, así como pretenden matar la verdad en nuestro país. Centro De Medios Populares"


LIBERTADES Y DERECHOS EN LA UNIVERSIDAD PÚBLICA COLOMBIANA
 
Importante documental de producciones el retorno sobre el movimiento estudiantil y el contraste con los medios masivos de comunicación que agudizan su estigmatización y amenaza constante.

MUERTE DEL ESTUDIANTE OSCAR SALAS 

En este video se explica cómo el estudiante de la universidad distrital de 20 años de edad fué asesinado por el ESMAD y cómo su muerte aún sigue en la impunidad.






DEBATE DEL PRESIDENTE URIBE VS IMPORTANTES ACADÉMICOS

PARTE 1

PARTE 2
PARTE 3


ESMAD COMETE ABUSOS CONTRA ESTUDIANTES EN BOGOTÁ



NOCHE DE PARO DE TRANSPORTADORES EN BOGOTÁ, POLICIA  DISPARA 

 

JOVEN HERIDO POR EL ESMAD


PROXIMAMENTE MÁS VIDEOS
LA TRAGEDIA DEL PUEBLO HAITIANO ES TAMBIÉN DE VARIAS DÉCADAS DE IMPERIALISMO: Por Fabián Torres G.






Aquí compartimos con todos ustedes unas pequeñas líneas de condolencia, solidaridad y reflexión sobre la tragedia que hoy sufre el pueblo Haitiano desde el pasado martes 12 de enero causada por el terremoto de magnitud 7. Como espacio de trabajo de medios alternativos, cultural y político en nuestra ciudad mediante CineLibre no somos indiferentes al dolor de los pueblos y a nuestra labor seria y comprometida por develar cada vez la falsedad y darnos cuenta que el emperador está desnudo.
Hoy es Haití y su terrible tragedia, como vemos y oímos, es el país más nombrado ahora en los medios, así como la expresión que "Es el país más pobre de Latinoamérica" por varios presentadores de las noticas. Pero por qué Haití es el más pobre del hemisferio sur? eso no lo dicen los medios, verdad? Por eso debemos realizar un contexto social y político de la tragedia Haitiana.
Ahora todas la súper potencias alardean de sus ayudas al pueblo Haitiano, claro, en estas circunstancias dirán ustedes no es hora de hablar de política, la ayuda humanitaria es humanitaria y no es política, tienen razón. Pero preguntémonos, después de que en unos largos años este hermano país empiece a recuperarse de su tragedia cambiaran las pasadas situaciones que lo llevaron a que siga siendo el más pobre del continente y que de alguna manera no resistiera este tremendo terremoto, sin hospitales públicos, con el 80% de la población en la miseria y con el 50% de dependencia de las remesas internacionales, con el 50% de desnutrición de su población, la misma cifra sin acceso el agua potable y según datos del portal portafolio.com la deuda externa que supera los 1.000 millones de dólares al Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y al tal Club de parís [1], este último que por condolencias ahora busca retirar la deuda hacia Haití. Tendrán que pasar terremotos en los países más pobres del mundo para que sean tenidos en cuenta y retiradas las deudas explotadoras de los señores imperiales? Pero bueno, así es el cinismo del poder.
Como diría en una columna en la web recientemente el señor Fidel castro Ruz, que ahora nadie recuerda que Haití fue el primer país en liberarse del yugo explotador europeo donde 400.000 africanos esclavizados y traficados por los europeos se sublevaron contra 30.000 dueños blancos de plantaciones de caña y café, llevando a cabo la primera gran revolución social en nuestro hemisferio. Páginas de insuperable gloria se escribieron allí, dice Fidel.
El más eminente general de Napoleón fue derrotado. Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas. Finaliza párrafo Fidel diciendo que Este olvido histórico no sería tan grave como el hecho real de que Haití constituye una vergüenza de nuestra época, en un mundo donde prevalecen la explotación y el saqueo de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. [2]
A continuación queremos ilustrarlos mejor para entender el porqué la tragedia del pueblo Haitiano viene también de varias décadas atrás de imperialismo, cosa que Estados Unidos y la buena de fe de Obama y la ayuda “Humanitaria” mostrada por los medios desconocen la historia y el verdadero problema de esclavitud que hoy sigue en este país por las grandes corporaciones.
De aquí en adelante sigue una parte del texto traducido del movimiento contra la guerra ANSWER sobre algo de historia imperial en esta hermana nación.    

                                                                                                                                                                  En 1804, lo que empezó como una revuelta de esclavos, culminó una década más tarde en la liberación de las cadenas del colonialismo francés, haciendo de Haití la primera colonia Latinoamericana en lograr su independencia y la primera república negra del mundo. Antes de la victoria del pueblo haitiano, George Washington y Thomas Jefferson, el entonces Secretario de Estado, apoyaron a Francia por temor a que Haití inspirara revueltas entre la población esclava estadounidense. La aristocracia esclavista de Estados Unidos estaba espantada por la reciente libertad ganada de Haití.
La interferencia de Estados Unidos empezó a formar parte de la historia de Haití y culminó con la ocupación militar estadounidense desde 1915 hasta 1934. Mediante la intervención económica y militar, Haití estuvo subyugada. Mientras, el capital estadounidense desarrollaba el ferrocarril y compraba plantaciones. Franklin D. Roosevelt, en aquel momento secretario consejero de la Marina, en un gesto de arrogancia colonial redactó una constitución para Haití en la que, entre otras cosas, permitía a los extranjeros comprar territorio. Más tarde, mientras Haití sufría bajo sus brutales políticas represivas, los dirigentes estadounidenses encontrarían su lugar junto al dictador François Duvalier, “Papa Doc.”, y su hijo Jean-Claude Duvalier, “Baby Doc.”,.
En las décadas de 1980 y 1990, la política estadounidense hacia Haití quiso reorganizar la economía haitiana para servir mejor a los intereses del capital extranjero. La Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) fue esencial en la modificación de la agricultura haitiana, que abandonó la producción de grano, abonando así el terreno para la dependencia total en la importación de alimentos. Arruinados los agricultores haitianos, se dieron a la desbandada hacia las ciudades en busca de un medio de vida, lo que tuvo como consecuencia el crecimiento desordenado de las barriadas chabolistas de Puerto Príncipe y otros centros urbanos.
¿Quién se ha beneficiado de tales políticas? Los productores de alimentos estadounidenses, que se aprovecharon del aumento de las exportaciones a los mercados haitianos y las corporaciones extranjeras que se habían establecido en las ciudades de Haití, que se beneficiaron de la sobreexplotación de la mano de obra barata procedente del campo. Para el pueblo de Haití, sin embargo, esto sólo significó más miseria y expoliación.
Washington orquestó el derrocamiento de Jean-Bertrad Aristide, el presidente haitiano democráticamente elegido no una sino dos veces, en 1991 y en 2004. Haití ha estado bajo ocupación estadounidense con el apoyo de Naciones Unidas durante casi seis años. Aristide no se ganó la enemistad de los dirigentes estadounidenses por sus moderadas reformas, sino por el apoyo recibido de los haitianos más desfavorecidos, lo que cristalizó en un movimiento popular de masas. Doscientos años después, los dirigentes estadounidenses estaban aún horrorizados por la visión de un Haití verdaderamente independiente.
Las inestables infraviviendas a las que solo podían optar los haitianos, gracias a las políticas neoliberales de Washington, se han convertido ahora en las tumbas de muchos de ellos, las mismas políticas a las que ahora se culpa de la falta de hospitales, ambulancias, camiones de bomberos, equipos de rescate, comida y medicamentos. La desgracia de un desastre natural sobre una economía que durante décadas de expoliación la han convertido en fragilísima incrementa enormemente el sufrimiento del pueblo haitiano.
Los desastres naturales son inevitables, pero la planificación y las distribución de recursos pueden jugar un papel decisivo en mitigar el impacto y en el enfrentarse al día de después de una catástrofe. Haití y su vecino Cuba, que no son ajenos a las violentas tormentas tropicales, fueron duramente golpeados en 2008 por una serie de huracanes, que contrariamente a los terremotos son predecibles. Mientras que entonces murieron más de 800 haitianos, en Cuba el número de muertos no llegó a 10. Al contrario que Haití, Cuba tenía un plan coordinado de evacuación y el trabajo de los equipos de rescate tras el huracán estaban centralizados y planificados por el gobierno de Cuba. Esto fue posible porque la sociedad en Cuba no se organiza en función de las necesidades del capital extranjero, sino según las necesidades del pueblo cubano.
Hoy 16 de enero por la mañana temprano, en un discurso televisado, el presidente Obama ha anunciado que la USAID y los Departamentos de Estado y de Defensa trabajarán para apoyar las tareas de rescate y de ayuda en Haití en los próximos días. Irónicamente, son esas son mismas instituciones gubernamentales las responsables de la puesta en marcha de las políticas económicas y militares que redujeron a Haití a la ruina antes de que el terremoto golpeara el país. [3]
Así podemos entender que mas allá de las ayudas humanitarias que son necesarias hoy por la tragedia también debemos ubicar más allá el problema de un país hermano que durante mucho tiempo ha sido víctima de invasiones y catástrofes.
Nos solidarizamos con la tragedia y la resistencia del pueblo Haitiano y los invitamos a realizar donaciones, actividades en nuestra ciudad y contactarnos para ver como sumamos esfuerzos y solidarizarnos con nuestros hermanos.


Los dejamos a continuación para que observen el documental “EL ESPEJO HAITIANO” que muestra el derrocamiento del presidente democrático Jean Bertrand Aristide en el 2004 influenciado directamente por los Estados Unidos y toda la intervención multinacional en este país antillano.



HAITI TRAS ARISTIDE (EL ESPEJO HAITIANO)

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